El desarrollo de las virtudes humanas
PrincipianteCasi todo el consejo sobre llegar a ser mejor persona es un consejo sobre esforzarse más, y esforzarse más es justamente lo que se agota. La tradición clásica empieza en otro sitio: una virtud es un habitus, una disposición estable construida por actos repetidos, de modo que lo bueno acaba siendo lo fácil. Eso es una afirmación sobre entrenamiento, no sobre sinceridad, y este curso la enseña tal como se transmitió: Aristóteles la sistematizó, Tomás de Aquino la retomó y añadió tres virtudes que, según él, no se pueden entrenar en absoluto. El marco es cristiano y clásico, y el curso lo dice en el primer episodio en lugar de colarlo; las cuatro virtudes cardinales funcionan como descripción de la excelencia humana compartas o no el resto. Empiezas por la maquinaria. Qué es un hábito y por qué un solo acto bueno todavía no es una virtud. El término medio entre el defecto y el exceso, que es relativo a la persona y a la situación y no es una recomendación de tibieza — algunos actos no admiten término medio alguno. La diferencia entre una virtud y un buen estado de ánimo, y entre el vicio y un mal día. Después, las cuatro virtudes cardinales, de dos en dos, agrupadas por lo que ordenan. La prudencia y la justicia miran hacia afuera: la prudencia es la sabiduría práctica que decide bien en el caso que tienes delante, la virtud que te dice qué regla se aplica cuando dos reglas chocan; la justicia es la voluntad firme de dar a cada uno lo suyo — en los contratos, en los salarios, en la fama ajena, en la honradez corriente de devolver lo prestado. La fortaleza y la templanza miran hacia adentro: la fortaleza es lo que te mantiene en algo difícil, y la tradición insiste en que su mitad más dura es aguantar y no atacar; la templanza es medida en el placer — comida, bebida, dinero, pantallas, sexo — y es cuestión de proporción, no de desprecio del cuerpo. La cuarta pista es la parte que un curso puramente laico deja fuera. La fe, la esperanza y la caridad no son hábitos que se construyan repitiendo; la tradición las llama infusas, recibidas y no ganadas, y describe la caridad como la forma de todas las demás virtudes, lo que las ordena hacia su fin. El curso expone esa afirmación como afirmación de la tradición y explica qué significaría si fuera verdadera. La última pista es el método: un examen diario de tres minutos y no de treinta, la disciplina de trabajar una virtud a la vez en lugar de todas, qué son de verdad los vicios capitales y por qué se llaman capitales, cómo leer una recaída sin excusarla ni desesperar por ella, y cómo distinguir el progreso de la sensación de progreso. Lo que el curso no hace: no te sermonea, no pone a ninguna persona viva como ejemplo, y nunca ofrece el entrenamiento en virtudes como tratamiento de una condición médica o psicológica.
Contenido del curso
Examen de certificación
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El desarrollo de las virtudes humanas
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El desarrollo de las virtudes humanas
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